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sábado, 18 de abril de 2009

Ligustrum vulgare










Hola.
¡Jolines, menuda racha llevo! Entre lo vago que soy y entre que los elementos se han aliado contra mí no doy una. Quiere ser una disculpa pero me temo que no cuela: aunque los elementos no estuvieran en contra, seguro que no daría ni un golpe al agua. Snif... ¡Que quieren, vago que es uno!

Voy a ver si soy capaz de centrarme en el título que tengo el cerebro más disperso que un enjambre de abejas pecoreadoras. Pues eso, que tengo una vecina justo en frente, al otro lado de la calle, a la cual, entre otras, hace como unos 15 ó 20 años le regalé un esqueje de olivo ya enraizado. La señora es agradecida pero bastante tímida y suele arrancar ramas de unas thuyas que tiene en el huerto donde le planté el olivo. También tenía un aligustre bastante grande. A las thuyas las fue repelando hasta que no le alcanzaba la mano para seguir obteniendo los "verdes" con los que hacer ramos que lleva cada semana a la tumba de su difunto esposo, pero claro llegó un momento en que no alcanzó más ramas y en vez de cruzar la calle y decirme que le bajara unas cuantas ramas (lo haría encantado) se dedicó con sus escasas fuerzas, de señora ya algo más que mayor, a darle de golpes al aligustre para ir obteniendo más "verdes".

Le dio hachazos hasta en la muela del juicio y el pobre aligustre las ha pasado muy, pero muy putas. El asunto es que para algunos casos (por muy tímidos que seamos) siempre tenemos que recurrir a alguien para algo y hasta hace un año yo le hacía (al huerto) una pequeña limpieza de primavera. Este año no fue así porque vi que había llamado a un jornalero para que le hiciera el trabajo (la limpieza del huerto) pero no quiso que le tocara al olivo. Todos los años me pedía que cortara ramas del olivo para ofrecerlas a quien quisiera tomarlas para el Domingo de Ramos. Y como este año también tuvo un Domingo de Ramos y no dejó que el jornalero le tocara al olivo se decidió a decírselo a mi persona. A pesar de que yo sabía quien le había hecho la limpieza, lo que no me importaba en absoluto, le pregunté por qué no me lo había dicho y me contestó que le había dado vergüenza, que todos los años lo hacía y que le había parecido de caradura volver a pedírmelo. Dejé correr el asunto y con actitud embarazosa (que no embarazada) me dijo que si le cortaba los ramos de olivo, pues no quería que, excepto yo, nadie le cortara ni una hoja. Por supuesto que no tuve inconveniente.

Ya en el huerto pude comprobar como el jornalero había obedecido sin rechistar ni aconsejar lo más mínimo y cortó y limpió todo lo que la buena señora dijo, así vi el tocón de un boj (Buxus sempervirens) cortado a ras de suelo con un diámetro de unos 20 cms . -"¡Lástima! me dije. Por supuesto que me acordaba del boj y de lo que podría haber hecho con él, pero ya no había solución.

Corté por donde quise y como quise los ramos de olivo y al ver lo que había quedado del aligustre le pregunté que qué pensaba hacer con aquello.- "Tonechiño - me dijo- a mí no me sirve para nada. Iré cortándole poco a poco para leña lo que pueda sacarle". Entonces, para caradura yo, voy y le pido el tocón. -"Que me gustaría sacarlo entero a ver si tenía suerte y prendía". Parecía encantada (también es una maestra del saber vivir) de que yo le arrancara aquella cosa.- "Por la leña equivalente, no se preocupe, le traeré leña".- "Que no, que no hacía falta que le llevara nada, que si ella lo cortaba para leña era porque le estorbaba". Y yo, vago como Dios me ha dado, pues le tomé la palabra y decidí sacar el tocón sin llevarle la leña.

Bueno, la situación del tocón no es que fuera una fácil. Estaba, aparentemente encajado entre una pared y la base de una thuya de proporciones considerables, por lo que me temía que iba encontrar lío de cepellones; justo al ladito había calas (las odio a ellas y a sus rizomas) y todo contribuía a parecer que la cosa iba a llevar un buen rato, así que decidí mentalizarme y dejé pasar unos tres días hasta que me dije que si yo no iba a buscarlo, seguro que él no vendría. Me arme de alguna herramienta y de muuuuucho valor y me dirigí a ver como enfocaba la vaina aquella.

Limpié la superficie para, a continuación, dentro del espacio disponible tratar de sacarlo con el máximo de cepellón procurando no dañar a la thuya. Curiosamente, me resulto bastante más fácil de lo que esperaba. Yo creo que la planta, al igual que la mayoría de por acá, fue plantada de esqueje, por eso no hallé raíz pivotante alguna, sólo unas cuatro o cinco que, a un palmo de profundidad, se extendían horizontalmente hacia los cuatro puntos cardinales y mucha raíz cespitosa.

Al cabo de una hora + - tenía el madero a mis pies, pero aquello pesaba entre sesenta u ochenta kilos (no exagero pues habitualmente manejo estos pesos y la cosa estaba por ahí) y no era plan llevarlo debajo del brazo; así que tira a casa a buscar una carretilla. Una vez con el cepellón frente a mi pequeña parcelita, lo limpié a base de manguera para limpiar los cortes gruesos y tratar los cortes con cicatrizante. Hecho lo que precede trato de ponerle en un barreño de los comunes que hay por acá (capacidad de 50 litros + -) y el alma condenada del aligustre no me cabe en el recipiente. ¡Mi gozo en un pozo!

Llamo a mi "chofera" (que ya llevaba más de dos horas riéndose de mi a mandíbula batiente y soltando lágrimas) y le digo que me lleve a donde pueda encontrar un recipiente para aquella "cosa". En la aldea recorrimos cuatro establecimientos susceptibles de tenerlos y ¡naranjas de la China! Hubo que desplazarse a 15 Kms para conseguir el recipiente (podría haberlo hecho con maderas, pero no me dio la gana). De vuelta al pueblo, preparé el sustrato y enchufé al jodido aligustre en el lugar en el que o resucita o muere. Él verá lo que hace. Yo ya hice más de lo que en principio esperaba hacer. ¡Dios me perdone!

Que Dios les bendiga