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jueves, 8 de enero de 2009

El molino abandonado.

¡Bendito sea Dios,la de cosas que uno va recordando y viviendo de nuevo!


Esta exclamación viene a cuento porque recientemente y ante la insistencia de los vecinos, que veíamos como con cada chubasco se anegaban nuestras casas, los responsables de turno del ayuntamiento, ordenaron a sus brigadas limpiar el cauce de unos 2 Kms. del arroyo que discurre entre estes montes.

El trayecto, para mí, no es nuevo. Sí lo es para los menores de 30 ó 40 años. A lo largo del curso del río/arroyo descubrieron los restos de siete molinos hidráulicos, los cuales yo sí recuerdo destapados de vegetación pero que no recuerdo haber visto trabajar nunca. La orilla del río se ha convertido en una inesperada senda para pasear mientras no crezca de nuevo la maleza.


Como mi curiosidad por el cauce del río ya no es de ahora, cuando no había mucha agua lo tengo pateado bastante. Algo bastante difícil y molesto. Parecía que andaba por el Mato Grosso.



Me aparejaba con una mochila y un machete y venga
a andar por el cauce cortando hiedras, zarzas y madreselvas que , apoyadas en sauces, laureles y avellanos, tejían una red entre las dos orillas. En estos ires y venires (soy el tipo más excentrico de la aldea) ya había vuelto
a ver las ruínas y en una de ellas me llamó la atención un enorme avellano que crecía
directamente de la pared, dentro de lo que había sido el molino.

Claro, las preguntas que me asaltan son multitud.
¿Qué cosa encontró la avellana que germinó dentro de la pared que hizo que prosperara de esa forma?
Seguramente lo que encontró fue la paz y el olvido por parte de los humanos. Así, de esta forma, la Naturaleza va recuperando su sitio, derribando los muros que hemos puesto en su propiedad, que no la nuestra.



Volví a pasar por el viejo molino abandonado, las piedras estaban limpias de hiedras. La muela base, muy limpia. Por supuesto, el avellano fue talado; de poco le sirvió vivir unos posibles 25 ó 30 años colgado de una pared. Lo talaron pero no restauraron el muro. La madera se pudrirá y lo que no consiguió derribar la fuerza del avellano lo hará la desidia del hombre.

¡Una lástima! ahora ni tengo un avellano en un muro ni tengo un molino. Sólo hay una ruína... cada vez mayor.



Saludos entristecidos.

1 comentario:

  1. Se le llena a uno el alma de tristeza, al ver el estado de abandono de los molinos, edificación habitual en casi todas las aldeas de Galicia, lugar de encuentro donde por turnos asignados los pobres compartían la molienda(solían pertenecer a varias familias la propiedad, se hereda el derecho de utilizarlos), el rico no tenia que compartir pues la totalidad de la propiedad era suya, ahora en la actualidad muy pocos funcionan, algún que otro Ayuntamiento con escuelas de aprendizaje de oficios(obradoiros en gallego)tratar de restaurarlos, lo dicho una pena...Amigo Tonecho.

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