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lunes, 19 de enero de 2009

Mi callistemon

Voy a contar una de mis "batallitas" que, si bien, no he reñido con nadie, a mí sí me ha servido para calmarme y poder sintonizar con la naturaleza.

Hace como unos veinte años, allá por 1987, en un viaje a Bahía Blanca, Argentina, que empezó siendo de rutina en el que normalmente se empleaban unos dos meses, acabó siendo un viaje de siete meses.

Los miembros de la tripulación, excepto el capitán y sus oficiales, solamente saben que se sale a la mar y que probablemente nuestro destino sea tal o cual puerto. Mientras el barco navega, en las oficinas se están tramitando fletes, acuerdos y Dios sabe qué cosas. No sería la primera vez que, llegados a mitad del Atlántico, rumbo a Sudamérica se nos ordena cambiar rumbo hacia el cabo de Buena Esperanza mientras se esperan otras órdenes.

El caso es que en el viaje que arriba nombré, llegamos al puerto de Ingeniero White que es el puerto de Bahía Blanca que está a unos 20 ó 30 Kms. Allá estuvimos amarrados al muelle en espera de los barcos que venían de la pesca de las Malvinas, de los que nosotros tendríamos que alijar. Con esto quiero decir que tuvimos mucho tiempo para ir a tierra y pasear (después de nuestras jornadas de trabajo, claro) y la mayoría estaba deseando salir al mar. A mí me daba igual porque, paseando por Ingeniero White, hablando con sus gentes y admirando lo bien que estaba ese pueblo, lo bien organizado que estaba, adquiría vivencias, la del mar ya la conocía. A pesar de que el pueblo rezumaba calma, se notaba en sus gentes temor, y mucha precaución . Si me sentaba en una vereda al lado de un anciano/a y le preguntaba por esta o aquella planta, pues que me miraban con desconfianza hasta que veían que no tenía intención de nada más que de saber y entonces se abrían. Supongo que sería por la difícil situación económica del país, era cuando en Argentina se había implantado el "austral" como moneda, en principio equiparada a dólar, pero que en el espacio de tiempo de dos viajes que hicimos, estaba casi por los suelos para nosotros, no así para la población local que todo les seguía costando como si fueran dólares de verdad. No entiendo de economía y, por lo tanto, yo a eso lo voy a calificar como una putada y no tocar la vena.

Todo este rollo viene porque por las aceras de Ingeniero White había plantados granados, lilas de Persia (melia azederach), acacias del Japón (sophora japónica) y otras especies, todas ellas muy cuidadas. Pero entre todas, por su belleza, destacaba un arbolito que era una preciosidad, estaba en flor y yo jamás había visto nada igual. Al segundo día, el capitán y su esposa, que sabían de mi afición a las plantas me llamaron y me comentaron lo de esa planta que para ellos también resultaba exótica y preciosa. Sólo les pude confesar mi ignorancia al respecto y comentarles que, como a ellos me había impresionado. Estaban podados, la mayoría, de forma que sobre un tronco de no más de dos metros se apoyaba un cubo bastante espeso y enmarañado pero todo florecido de un rojo escarlata.

El capitán me encargó que buscara plantones para llevarlos a casa. Seguramente en España esa planta también estaría por los viveros o por las veredas de alguna ciudad, pero el hombre estaba tan entusiasmado con lo que veía como yo con el encargo. Le comenté acerca de que tenía trabajo y él comentó que sin mí se haría el trabajo, o que quedaría sin hacer, pero que buscara plantones. "No tengo dinero" le comenté y me dijo que buscara las plantas que ya me daría el dinero.

¡Jesús, Dios mío, lo que pateé por Ingeniero White! un día, otro día y no encontré nadie que me diera información. Todo el mundo me miraba con desconfianza y procuraban no hablar conmigo. Hasta que (ya llevábamos allí unos 15 días) se me ocurrió ir a una barbería a que me cortaran el pelo, más que nada para que al pagar me dieran cambio para poder ir a Bahía Blanca para poder hablar por teléfono a España (eran otros tiempos). Resultó ser el barbero un señor anciano bastante locuaz (visto lo que había hallado hasta el momento) y en medio de la conversación, cuando salió a colación mi origen, me dijo que su padre había llegado a Argentina en 1907 procedente de un pueblo llamado Arzúa, provincia de La Coruña, hasta se fue buscar la cédula de identidad de su progenitor y me la enseñó.

Bien, resultó que el señor barbero tenía un patio interior (como todas las casas allí) y me lo enseñó. Allí tenía granados enanos, me mostró, muy contento, como había logrado la planta de algodón, tenía un almendro viejo, pero muy bien cuidado, enorme. Era un aficionado como yo a las plantas y al entrar en materia le pregunté acerca del dicho arbolito y él le llamó "limpiatubos", por la forma de la flor. Le pregunté si se podría él encargar de gestionarme la compra de seis arbolitos y puso mala cara. ¡No había plata, che! Si la tenía o no, no estaba dispuesto a correr riesgo alguno con eso, le dije que esperara que volvería. Volví y le encargué de modo formal que me consiguiese los plantones. Se frotó el pulgar y el índice, haciendo el símbolo internacional de dinero. Le puse en la mano 10 australes como anticipo y que se diera prisa.

Tardó tres días en conseguirlos o, por lo menos en decirme que los tenía en el patio. Le pregunté el precio y ahí se mostró más que cauto: que si no había sido fácil, que las plantas no las había conseguido más pequeñas y de ese tamaño (+ - 1 metro) era caro... "ya está - me dije- me va a sablear". "Al grano, señor. ¿Qué le debo?" Pues que eran seis plantas, cada una seis australes, 10 de anticipo, que debía 26 australes. Soplé aliviado, porque me lo había temido peor. Le puse en las manos 30 australes y, sin que yo tuviera intención de pedirle los cuatro de vuelta ya estaba con que no tenía cambio y no sé que más. Yo ya estaba contento por haber conseguido las plantas. El dólar, por aquel tiempo estaba a una 85 pesetas, pero ya los australes habían bajado a unas 35 pesetas, más o menos. Tampoco lo recuerdo ahora exacto. El caso es que el barbero seguro que por los diez australes que le dí de anticipo se compró las seis plantas y el resto todo fue ganancia. Soy mal pensado, lo sé, pero es que vista tamaña desconfianza, estoy seguro de que no adelantó de su bolsillo ni un solo céntimo para comprar las plantas. Éstas iban a ser, tres para mí y tres para el capitán.

Traje las tres que me tocaron para el pueblo. Una se la di a mi madre, otra a un tío y la tercera me la quedé. Por supuesto, como yo no tenía suelo se quedó en maceta con lo que a la vuelta del siguiente viaje me encontré un leño seco.

A estas alturas ya se habrá dado cuenta, quien lea esto, que la planta era un Callistemon, más en concreto el Callistemos viminalis. Mi tío y mi madre los tienen plantados en tierra desde entonces y son enormes. Mi madre que es una persona de esas que, no se cómo lo hacen, pueden clavar en tierra el mango de una escoba y al poco tiempo le arraiga, clavó esquejes y repartió plantas por todo el vecindario. Procedente de uno de esos esquejes son las flores de las fotos que están arriba.

Como habrán deducido, con tanta historia, a esta planta le tengo un cariño especial y por extensión a cualquier callistemon, así que, hace unos dos años, cuando vi uno en un vivero que no lo estaba pasando nada bien lo compré.
El plantujo era pequeño y con tronquito bastante guapo, pero estaba en un estado que no parecía que estuviera muy a gusto. Así que con mi mezcla standar y recién llegado de acompañar en el hospital durante una temporada a una persona muy allegada, me puse a cambiarle la maceta al callistemon, del cual ni sabía la variedad. Tenía/tiene las hojas más
pequeñas y no asomaba flor, así que hasta que la viera seguiría la incógnita.
La levanté para mirar si tenía cepellón o había sido una ilusión mía y este es el resultado del examen.
Después de cepillar la superficie del cepellón, lo pasé a una vasija más plana, en la cual me quedaría un poco alto el nebari, así que una vez colocado en el sitio tapé el sustrato con una capa de guijarros con el fin de que el agua del riego y de la lluvia no lo arrastrase.
Parece que no le sentó mal el cambio, pues a la primavera/verano siguiente floreció. La flor era de color púrpura y el tamaño en consonancia con las hojas. Hacía buen juego. Es el Callistemon linearis.
Para la primavera próxima, Dios mediante, miraré que tal va en su nuevo calzado y ver de bajar un poco el cepellón (sólo si es posible, que tampoco hay prisa)
Bueno, la época en que le practiqué el cambio de vasija no era la más idónea pero viniendo de estar en un hospital, pues que me apetecía dejar volar el
pesimismo que suele embargar a los que pasamos, aunque sea como acompañante, una temporada en tales sitios.

¡Que Dios les bendiga!

7 comentarios:

  1. Hola Tonecho parece ser que tenemos gustos afines, yo también soy un enamorado de esta especie, no hace mucho tuve ante mis ojos mas de 100 plantas de esta variedad destinadas a una muerte segura "salve" varios ejemplares (si le interesa la aventura envíame un mail) seguramente la mayoría al final murieron, lo dicho una bella especie, y una historia muy amena la que cuentas hoy, un saludo amigo.

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  2. Impresionante el artículo; y con la descripción corta (pero muy exacta) del barbero parece que lo estoy viendo.
    Pero me queda una duda? En qué trabajó usted?

    Me ha gustado bastante la historia (si es que para leer algo bonito no hace falta irse a Shakespeare....).

    Por cierto Bonavebe, esta planta se reproduce mediante semillas???

    Saludos de SCP

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  3. Tonecho,parece Ud. a R.L Stevenson en su obra Por los mares del sur.Es un genio literario. Bonita entrada y preciosa planta.

    Un saludo admirativo

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  4. Bonavebe, mi satisfacción no tendría límites si tuviera el gusto que tú tienes con las plantas. Por supuesto que me gustaría leer lo de los Callisatemon.

    SCP, me sobrevaloras. Por favor tutéame. Y mi trabajo, pues ha sido durante 21 años como marinero en la marina mercante, 5 años en la pesca y ahora pues... mis labores. Lo que caiga, pero no puedo ir legalmente (por cuestiones de salud) en un barco.

    Pinastre... jejeje. Exagerado sí que lo eres, me recuerdas algunos buenos compañeros de aquellos años.

    Gracias infinitas a los tres por leerme.

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  5. Si SCP el callistemon se puede reproducir por semillas, aunque es mas rápido y fácil esquejarlo, un saludo. Te dejo un enlace sobre el tema.


    http://fichas.infojardin.com/arbustos/callistemon-citrinus-limpiatubos.htm

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  6. Tonecho, ¿exagerado?.. Uhmmm.No se qué le dirian sus compañeros. Me parece muy buena la forma de expresar sus sentimientos y créame,eso es difícil. Pura literatura.

    Un saludo literario y agradecido

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