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miércoles, 14 de enero de 2009

La mala hierba

Hace muchos, pero muchos años, cuando yo no tendría más de cinco o seis, en esta aldea no existía aún alumbrado público (eso vendría en la década de los años setenta) Y me parece que no exagero al decir que en algunas casas tampoco tenían electricidad. De hecho, tampoco les hacía falta pues electrodomésticos no había y para lo único que se usaba era para tener luz por las noches. Había alguna casa que tenía una radio de aquellas que tenían que calentar las válvulas antes de sintonizar y... para de contar. Mucha gente consideraba la electricidad como algo supérfluo, sin la que se podía pasar tranquilamente (casi cro-magnon la sociedad aquella) y por pasar, casi se pasaba de todo: El café lo tomaban muy pocos, en su lugar se tomaba el resultado de un cocimiento de cebada tostada, a la que llamábamos "malte" que se compraba en cualquiera de las tabernas/hipermercados que había. Un líquido negro como el alma de Lucifer. Otras casas optaban por tomar la decocción de la cascarilla de cacao que se adquiría en los mismos lugares que el anterior. La leche se adquiría a los que por aquel entonces tenían vacas de cuatro patas (de dos patas aún queda alguna).

Si alguno de mis vecinos y/o parientes leyera esto, estoy casi seguro de que me pondrían hecho unos "zorros". Parece ser que es buena medicina olvidar todo eso y vivir como si siempre hubiéramos ido a tomar un café al bar o como si hubiéramos tenido el dinero para ir a tomarlo. ¡Y un huevo!

Todo esto viene a cuento porque es necesario, a mi entender (que tampoco es que sea mucho), porque como niño que fui, estuve en algunas casas en las que ni siquiera se tomaban los sucedáneos que arriba nombré. Sencillamente agarraban unos manojos de una hierbas a las que llamaban "té", las sumergían por la parte de las hojas y le daban unos hervores. El mejunje que salía de esa operación era lo que se tomaba.

Recuerdo una casa en concreto en la que no se saltaba un día de la semana sin esa "ambrosía". La familia esa era trabajadora pero no levantaba cabeza (como todos los trabajadores), siete hijas, dos hijos, el matrimonio y una anciana se comían y vestían lo que malamente se conseguía después del trueque del pescado ofrecido puerta por puerta de toda la aldea. Recuerdo que, un día que la anciana no estaba en casa, la esposa me dio una taza de aquella cosa y, no tenía mal sabor pero por poco me mata de un ataque de hiperactividad. Me parece que no dormí en las 24 horas siguientes.

Bien, a la planta de marras todo el mundo la llamaba y la siguen llamando Té. Es una hierba invasiva que se reproduce por rizomas y, que yo recuerde, los agricultores siempre la han considerado una auténtica peste porque desplaza lo sembrado y empobrece el terreno cosa mala, oigan. ¿Provecho? Ninguno. A la gente lo único que le da es malas tentaciones (¿habrá buenas tentaciones?) y le arranca maldiciones más facilmente que si fueran espinas.

El caso es que yo (cotilla que soy) siempre estuve intrigado por saber acerca de la puñetera planta y todos a cuantos pregunté siempre me contestaban que era té y que no le diera más vueltas. Y así años y años hasta que llegó el invento del Internet y de repente ¡Zas! tienes montones de amables personas que saben lo que no está escrito (no es coña) al alcance de las teclas.

Subo los datos con una fotillo del hierbajo ese de las narices y me la identifican en cuestión de cinco minutos. La H.P. planta se llama Bidens aurea y se la conoce, como no, como "té mexicano" y tiene, por lo que he leído, un montón de propiedades salutíferas que son la leche. Pero la gente, no sólo de este pueblo, ¡toda! echa pestes por el comportamiento de esta oriunda occidental. Además no hace falta sembrarla: las minúsculas semillas tienen dos ganchitos (de ahí el "Bidens") que se enganchan a los pelos de los animales, a nuestros calcetines, dependiendo de lo que estés haciendo también es posible que en los calzoncillos y/o bragas, etcétera, etcétera, etcétera... O sea, que si uno no es un poquito aseado y tarda unos quince días en cambiarse unas sábanas igual hasta le germinan en la cama.

Para que luego digamos que los inventos del otro lado del charco tienen virus. Té en la cama, oigan. Como potentados petroleros del oriente.

¡Mal rayo la parta!

2 comentarios:

  1. Tendré que tomar este "te" e mis turnos de trabajo nocturnos, además en esta zona también abunda esta planta, gracias por la información Tonecho, un saludo cordial amigo.

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  2. No se merecen las gracias, amigo Bonavebe. Es un placer ver ese mundo desde la distancia.

    Gracias a ti por venir.

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